Hace mucho que no teníamos la visita del cliente misterioso… menos mal que nuestro compañero Jorge lo ha rescatado con esta detallada descripción del suculento menú del Pablo Urzay, con la que se os hará la boca agua.
Pasaban las 10:00 de la noche cuando llegamos al Restaurante Pablo Urzay,  situado en el centro de Las Arenas, en la parte antigua, muy cerca del Puente Colgante y con un buen aparcamiento.
En la entrada nos recibió un camarero joven, nos preguntó si teníamos reserva, le dijimos que veníamos con los cupones de Colectivia, sin contestarnos, nos hizo un gesto de “¡adelante! pasen por aquí”. Pasamos las cortinas que separan el vestíbulo del comedor y nos sentamos en nuestra mesa, la decoración era discreta, pero acogedora.
Nuestro banquete como cliente misterioso estaba a punto de comenzar.

Empezamos con unos entrantes no incluidos en el menú, una degustación de croquetas caseras dignas de los mejores paladares. La verdad es que estaban muy buenas. Seguidamente nos sirvieron las bebidas que no estaban incluidas en el precio, pedimos dos copas de vino y una botella de agua. Las copas de vino un poco escasas, pero bueno ¡era un caldo refinado!
Empezamos el menú con una tarrina de foie casera al moscatel y Armagnac con compota de manzana. Una delicia para los que les gusta el foie ¡cómo es mi caso! el moscatel y el armagnac con compota de manzana le daba ese toque de clase que el restaurante tenía.
El siguiente plato nos lo sirvieron de inmediato, una ensalada de codillo tostado con frutos secos y caramelo de vinagre balsámico. La verdad es que no soy muy apasionado del codillo pero de este se puede decir que tenía una textura muy suave y un sabor bastante dulce.
Ya entrando en batalla, nos sirvieron un bacalao a la plancha con crema de hongos y patata panadera, una obra de arte del chef por su presentación, la consistencia del bacalao era perfecta, en su punto y con su punto de sal. No os digo más ¡qué acabamos rebañando el plato! Y el plato estrella llegó, unas láminas de entrecote con salsa de queso carranzana cara negra. Cuando leí el nombre de este plato, sinceramente pensé “seguro que nos dan una ración muy pequeña”. Todo lo contrario, unas láminas bien organizadas en el plato aderezadas con su salsa especial de queso que quitaba el sentido.
Peleando por acabar el último plato, después de semejante banquete y para bajar un poco la cena nos trajeron el postre, una sopa de coco con helado de piña, yo pensé que la mezcla era un poco rara, pero los sabores pegaban bastante bien.
Y qué más decir del restaurante Pablo Urzay, una cena bastante satisfactoria con platos que provocan aplausos, sin duda repetiremos en alguna otra ocasión.

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